7 cosas que aprendí siendo niñera por 7 días

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Aunque reconozco que este post debería llamarse “Cómo 3 preciosas niñas me animaron a retomar este blog”, en vista del tiempo que no posteaba …. lo que realmente deseo contaros es la experiencia que supuso cuidar y entretener durante una semana, a una nena de 2 años y eventualmente a sus hermanas gemelas de 5.

¿Alguien conoce la fórmula para lograr con dignidad el nivel de exigencia que esto supone?

¡Yo no tenía ni idea!

Pues un viaje de emergencia de una gran amiga, me embarcó en la gran aventura de hacer de ella, durante 7 días, y llevar a cabo la titánica pero maravillosa tarea de cuidar y divertir a las pequeñas. Ajusté mis actividades de freelance, cuyas ventajas las descubres especialmente en estos momentos, y ¡hala! ponte las botas que empieza el rock and roll.

¿Nerviosa yo?

El primer día me tocaron las tres, premio gordo. Mi sorpresa fue encontrarme con que a pesar de tener delante unos seres que al parecer no esperan nada de ti, con dulces caritas inocentes de ojos azules… yo estaba literalmente hecha caquita. (palabra que por cierto no paré de repetir, pues una de ellas está en la fase de dejar el pañal 😉 ).

Entonces para romper el hielo probé con algo infalible. Dibujé una cara con algunos elementos de efecto risas instantáneas.

¿Me pasas el color verde?  He hice aparecer un rozagante moco. Luego para completar, dibujé unos globitos acompañados de ruidos explosivos, representando unos flagrantes pedetes. Una cara bastante apestosa. 3 niñas partidas de risa. ¡Ya las tengo!

Pero ciertamente luego de la sorpresa inicial, la hora siguiente no fue muy supercalifragilística, así tuve que seguir sacando recursos del sombrero casi compulsivamente. De esta manera aprendí mi primera lección:

1- Los niños no se aburren, sólo son jodidamente curiosos

Ahora entiendo por qué papis y mamis adoran The Disney Channel. Gran recurso para mantener la atención de un niño durante al menos media hora seguida. Yo no conté con ese recurso, así que tuve que inventarme un juego nuevo cada… ¿10 minutos?  Lo bueno es que no tenía que ser demasiado sofisticado. A los niños no les importa la pomposidad, ni la complejidad. Lo importante es el factor sorpresa. Cualquier novedad es un tesoro.

De hecho, el juego con el que más triunfé, fue una tontería tan simple como que las invité al jardín a buscar unas piedritas… “muy especiales, eso sí 😉 ” … sobre las que soplamos unos deseos, haciendo unos conjuros mágicos. Las 3 pidieron tener un caballo, así que ahora rezo o porque no lo recuerden jamás,  o porque sus papis las lleven al menos a montarlos.

2- Los niños no tienen prejuicios, y si llegan a tenerlos pueden ser removidos fácilmente

“¿Por qué tienes el pelo de ese color?” me pregunta una nena que proviene de un mundo rubio. “¿Por qué tienes las piernas gordas?” me pregunta la otra acostumbrada a su cotidianidad de familia fitness. “Tienes el culo muy grande”. “Tienes las tetas más grandes del mundo”.…ji ji ja ja je je jo jo, todas partidas de risa por mis “redondeces”. Sin malicia, sólo curiosidad. A mi me hizo muchísima gracia ser el bicho “raro” para ellas, y al mismo tiempo pasar en pocos minutos a ser igual que ellas, sentadas todas en el suelo construyendo una casa de lego. Si esto pudiera ser así en nuestro adulto mundo real

3- Los niños no se deprimen, sólo resuenan con tu estado de ánimo

Uno de los momentos más alucinantes fue un día que logramos estar una hora entera, escuchando música clásica y armando puzzles, tranquilas, casi sin hablar, contentas, relajadísimas. Yo lo estaba, ellas lo estaban. La pequeña de 2 años, incluso levantaba la cabeza y se quedaba inmóvil, con la mirada perdida y escuchando concentradísima los violines que retumbaban en la canción más bien macabra que sonaba. Me decía:  “Esa canción es de miedo, pero a mi no me da miedo”. Y luego continuaba con su labor.

Pero claro, cuando me sentía estresada, agobiada o me ponía a pensar en esas cosas “serias” que me tocaba hacer al salir, allí venían los bostezos, las rabietas, los “no quiero hacer esto”, el llanto de “Quiero a mi mamiiiiiii”. Uy, uy,uy, uy. ¡Sigamos jugando por favor!

4- Los adultos podemos sentirnos muy pequeños al lado de los niños

“Yo soy la princesa y tu eres el tiburón que viene comerme ¿vale?” Me decía la niña de 2 años mientras se escondía debajo de la sábana, esperando mi mejor actuación. Hice algunos roarssss y uoooooos malvados, pero no llegaba yo a la altura. Me faltaba más soltura, más veracidad. Vamos de nuevo. ¡Roooooars, uoooos, vengo a comerte! … y la niña me miraba con ojos de decepción. Con los días ciertamente mejoré mi performance, pero os confieso que llegué a sentirme patética, por no poder hacer el tiburón feroz que ella esperaba. Y entonces pensé: “Madre mía, con la de cosas de envergadura que me ha tocado hacer en mi vida profesional y me voy a dejar vencer por una triste actuación?  He de sacar lo mejor de mi”. Y entonces…

5- Los adultos podemos sentirnos muy felices actuando como niños

Vamos a ver, lo mío es la comunicación, el contar historias, así que efectivamente donde mejor destaqué fue creando cuentos de gran nivel. Con personajes impactantes, grandes situaciones románticas a la par que divertidas, dramáticos plot points, y finales deslumbrantes. Eso sí, se recreaban en mi cabeza de niña. Pensaba como niña. Me sentía como niña. Una niña contándole historias a otras 3 que escuchaban muy interesadas sin interrumpir. Gustó tanto que se convirtió en ritual. Me dejo peinar si me cuentas una historia nueva. Yo comenzaba mi “había una vez” cada día y ciertamente me sentía bastante feliz. Ojalá ellas también 😉 .

6- ¡Puedo ser mamá! Creo…

Sí efectivamente y aunque el tiempo ha sido muy corto, he resuelto una duda que tenía. ¿Sería yo capaz de dar una sopa, hacer carantoñas, limpiar lo que va cayendo, cocinar sin que se queme y responder el teléfono al mismo tiempo?  Parece que sí. ¡Vaya! Yo que siempre me he creído bastante torpe para temas manuales, al parecer cuando estás en acción, sale un instinto bastante conveniente que salva la situación. Ya veremos si en el futuro la vida me permite sacarlo para asuntos propios 🙂 .

7- Después de 13 niñeras, mi hermana y yo hemos salido mejor de lo esperado

Contadas exactamente tuvimos 13 mujeres que nos cuidaron.  Algunas inolvidables:

  • La que duró un día. Suficiente tiempo para instalarse a hablar por teléfono acostada al mejor estilo cleopatra en el sofá, mientras se pintaba las uñas con el esmalte rojo que a mi madre le quedaba tan bien. Fui una chivata muy buena esa noche 😉
  • La que vino con una hija siniestra que siempre estaba de pié al lado de mi cama mirándome fijamente cuando me despertaba por las mañanas.
  • La que se embarazó con 20 años y evidentemente tuvo que atender nuevos asuntos.
  • La que vendió nuestro perrito a un malandrillo del barrio para sacarse un dinerito extra.

Sí, mi hermana y yo pudimos haber acabado peor 😉

Lo cierto es que, también siendo otros tiempos, ninguna de ellas entró en nuestro mundo, ni nos comprendió, ni jugó con nosotras, ni se sintió niña, como ahora yo he podido hacerlo. ¡Suertuda he sido!

Doy gracias a mi amiga Irene por pensar que yo podría lograrlo dignamente. A las 3 nenas que me tuvieron paciencia (jejejeje) y también a Gus, mi compañero, no por ser niño (que también) sino por animarme a volver a darle vida a Planetagoma.

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¿Me pasas el color marrón para dibujar una …?  😉

 

2 Comments

  1. Ohhhhh por Dios! Volvió planeta goma, como dicen ustedes…Enhorabuena! Aplaudo esto, me encanta que hayas tenido esta experiencia, pero mi mente vuela y te juro que me mata la curiosidad sobre las niñeras que tuviste, de allí salen otras historias, jajajajajajajaja pana que frita la carajita que te miraba mientras dormías…

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